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LA CORONACIÓN DE CARLOMAGNO

…….. y puesto que en esta época, en el país de los Griegos nadie llevaba el título de Emperador y una mujer gobernaba el Imperio, pareció al sucesor de los Após­toles, León, y a todos los Santos Padres, que asistían al Concilio, así como al resto del pueblo cristiano, que Carlos rey de los Francos debía recibir el título de Em­perador, él que era dueño de la misma Roma, donde desde siempre los Césares habían tenido la costumbre de residir, y que tenía las otras residencias en Italia, en la Galia, no menos que en Germania.

El rey Carlos no quiso rehusar su pe­tición, por lo que sometiéndose a Dios y a la petición de los obispos y de todo el pueblo cristiano, en la Navidad de Nues­tro Señor Jesucristo, tomó el titulo de Emperador con la consagración del señor Papa León.

Anales de la abadía de Lorsch, año 801

Celebró la Navidad en Roma. En este día muy santificado, mientras que se le­vantaba después de haber rezado para asistir a la misa, el Papa León le puso una corona en la cabeza, y todo el pueblo de los Romanos le aclamó gritando: ¡ Vida y victoria a Carlos Augusto, coronado por Dios, grande y pacífico emperador de los Romanos! Y después de estas aclama­ciones, se le llamó emperador y augusto.

Anales reales

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RELACIONES IGLESIA- ESTADO EN TIEMPOS DE LOS RRCC

(Carta de Fernando el Católico al Papa Sixto IV amenazándole por la publicación de una bula en la que criticaba los métodos de la Inquisición)

Me han contado cosas, Santo Padre, que, de ser ciertas, sin duda merecerían el mayor de los asombros. Se dice que Su Santidad ha concedido a los conversos un perdón general por todos los errores y delitos que han cometido….

Sin embargo, yo no he dado crédito a esos rumores, porque parecen cosas que de ningún modo  habrían sido concedidas por Su Santidad, quien tiene un deber para con la Inquisición. Pero si por acaso hubieran sido hechas concesiones por la persistente y astuta persuasión de los citados conversos, no pienso permitir jamás que surtan efecto.

Tenga cuidado por lo tanto de no permitir que el asunto vaya más lejos, y de revocar toda concesión, así como de confiarnos el manejo de la cuestión.

REFORMA DE LOS ILUSTRADOS ESPAÑOLES

Nuestra Constitución está muy viciada; nuestros tribunales sirven para lo que fueron creados; los cuerpos del derecho se aumentan visiblemente, y visiblemente se disminuyen la observancia de las leyes; la demasiada justificación hace retrasar demasiado las providencias justas; la agricultura clama por una ley agraria y, sin embargo, de lo ejecutivo de la enfermedad van ya pasados diecinueve años en consultas, y es de creer que la receta saldrá después de la muerte del enfermo; el Consejo está continuamente dándonos el espectáculo del parto de los montes; los abogados cunden como las hormigas, y los pleitos se aumentan a proporción de los abogados; la libertad civil gime en una mísera esclavitud y los ciudadanos no tienen ninguna representación; las capellanes, obras pías y mayorazgos crecen como la mala hierba, y es de temer no quede un palmo de tierra libre en el reino, a cualquiera le es permitido encadenar sus bienes y cargarlos para siempre jamás; la mayor parte de las fincas están en manos muertas; el todo de las contribuciones de los pueblos, es decir, las contribuciones reales, eclesiásticas y dominicales, sin contar con las que pagamos al extranjero en la balanza del comercio, pasan de dos mil millones, cantidad asombrosa, cuyo mayor peso carga sobre un millón escaso de agricultores medianos; los holgazanes, los que no trabajan en cosa que pueda aumentar la masa de la riqueza nacional, son más de seis millones, de los nueve y medio en que se regula nuestra población, careciendo los tres y medio restantes de infinitas proporciones y estímulos para el trabajo, oficinas y empleados hay tres veces más de lo que se necesitaría si las cosas llevasen otro sesgo.

El Erario está empeñado, y si no se le aligeran las cargas, cada día lo estará más; la suprema autoridad está repartida en una multitud de consejos, juntas y tribunales, que todos obran sin noticia unos de otros, y así que uno manda otro lo desmanda y todo en nombre del Rey; por lo cual decía un amigo mío que la  potestad regia estaba descuartizada como los ajusticiados. Yo comparo nuestra monarquía en el estado presente a una casa vieja sostenida a la fuerza de remiendos, que los mismos materiales con que se pretende componer un lado derriban el otro, y sólo se puede enmendar echándola a tierra y reedificándola de nuevo, lo cual en la nuestra es moralmente imposible, pues como un día me dijo el conde de Floridablanca: “ Para hacer cada cosa buena es necesario deshacer cuatrocientas malas” (…).

He apuntado a V. E. las que me parecen causas principales de la pobreza del Reino, aunque no niego que la emigración a las Américas, las guerras y los malos años hayan también coadyuvado a ella. El primer paso que  a mi ver se debería dar para corregirla sería el simplificar el gobierno cuanto fuere dable; alargar la libertad del pueblo cuanto dictase la prudencia, pues corno he dicho es el alma del comercio y la felicidad de una nación; desencadenar todos los bienes raíces, descargándolos de los inmensos gabarros con que los han gravado sus antiguos poseedores; aminorar o extinguir los privilegios heredables y hacer obedecer las órdenes que se expiden, pues de otra manera será mejor que nunca se piense en ellas: con esto espero en Dios que la España mudaría de semblante sin necesidad de las costosas y complicadas operaciones que proponen Ustáriz, Ward y Arriquibar, con otros escritores políticos, y entonces entraría bien mi sistema de rentas, pero en tanto que no se tomen otras previas providencias, todas mis reflexiones quedarían en la esfera de la especulación política, sin que puedan surtir todo su buen efecto, aun cuando se pongan en ejecución. Sin embargo, en otros correos propondré sobre el particular mis cálculos, contentándome al presente con dar a V. M. esta idea de mi modo de pensar. He dicho mi sentir con la libertad que debe un hombre de bien a otro hombre de bien: V. M. perdonará si me he excedido en algo, pues ya sabe que ignoro la lengua de la adulación y la mentira. 26 de ,enero de 1786.

(LEÖN DE ARROVAL, Cartas político-económicas al Conde de Lerena, Madrid, Ciencia Nueva, 1968, pp. 67 ss.; final de la  carta I)

¿QUÉ ES EL TERCER ESTADO? 1789

Es preciso  entender por Tercer Estado el conjunto de ciudadanos que pertenecen al orden común. Todo el que es privilegiado por la ley, de la manera que sea, sale del orden común, es excepción de la ley común y, en consecuencia, no pertenece al Tercer Estado. Una ley común y una representación común es lo que hace una nación; es demasiado cierto, sin duda, que no se es nada en Francia cuando no se tiene  para sí más que la protección de la ley común. Si no se tiene algún privilegio, es preciso revelarse a soportar el desprecio, la injuria y todo tipo de vejaciones. Para impedir ser aplastado del todo, qué le queda al desgraciado no privilegiado?……

Primera petición: que los representantes del Tercer Estado no sean elegidos más que por los ciudadanos que pertenecen verdaderamente al Tercer Estado….

Segunda petición: que sus diputados sean iguales en número a los de los dos órdenes privilegiados…….

Tercera y última petición: que los Estados Generales voten no por orden, sino por cabezas…..

 

En este estado de cosas, qué le queda por hacer al Tercer Estado si quiere verse en posesión de sus derechos políticos de una manera útil a la nación?. Se presentan dos medios para conseguirlo. Siguiendo el primero, el Tercer Estado debe reunirse aparte, no concurrirá con la nobleza y el clero, no se quedará con ellos, ni por órdenes ni por cabezas. Ruego que se preste atención a la diferencia que hay entre la asamblea del Tercer Estado y las de los otros órdenes. La primera representa a veinticinco millones de hombres y delibera sobre los intereses de la nación. Las otras do, aunque las consideramos juntas, no tienen poderes más que de unos doscientos mil individuos y no piensan más que en sus privilegios. Se dirá: el Tercer Estado sólo no podrá formar los Estados Generales. ¡Tanto mejor! Compondrá una Asamblea Nacional.

E.J. SIEYES: ¿Qué es el Estado llano?

LOS DERECHOS DEL HOMBRE 1772

Libertad natural, derecho que la naturaleza da a todos los hombres para disponer de sus personas y bienes, de la manera que juzguen más conveniente para su felicidad, con la restricción de hacerlo dentro de los términos de la ley natural, y sin abusos que perjudiquen a los demás hombres…..

El primer estado que el hombre adquiere por naturaleza y que se estima por el más precioso bien que pueda poseer, es el estado de libertad; el hombre no puede ni cambiarse por otro, ni venderse, ni perderse, ya que, naturalmente, todos los hombres nacen libres, es decir sin sumisión alguna a la potestad de un amo, y nadie tiene sobre ellos derecho de propiedad……

Igualdad natural es la existente entre todos los hombres por la constitución de su naturaleza solamente. Esta igualdad es el principio y fundamento de la libertad.

La igualdad natural o moral se funda pues sobre la humana constitución común a todos los hombres, que nacen, crecen, subsisten y mueren de idéntica manera.

Y pues la humana naturaleza es la misma en todos los hombres, es claro que, según el derecho natural, cada uno debe estimar y tratar a los demás, como a tantos otros seres que le son naturalmente iguales, es decir, que son tan hombres como él….

 

Propiedad es el derecho que tiene cada uno de los individuos de los que se compone una sociedad civilizada, sobre los bienes que legítimamente ha adquirido…..(los hombres) han querido que nadie pueda incomodarlos en el disfrute de sus bienes, y para ello cada uno ha consentido en sacrificar una porción de lo que llamamos impuestos, para la conservación y mantenimiento de la sociedad entera.

Enciclopédie

LA LEY SÁLICA

Felipe V alteró el orden de sucesión establecido en «Las Partidas», según el cual el heredero de la  Corona sería el primogénito varón o hembra y sus descendientes legítimos. El «Auto acordado», dispuesto en mayo de 1713 por Felipe V, estableció la preferencia de los hijos varones.

Que por fin de mis días suceda en esta Corona el príncipe de Asturias Luis, mi amado hijo, y por su muerte su hijo mayor varón legítimo, y sus hijos y descendientes varones legítimos y por línea recta legítima, […] Y a falta del hijo  mayor del Príncipe y de todos sus descendientes varones de varones que han de suceder por orden expresada, suceda el hijo segundo varón legítimo del Príncipe y sus descendientes varones de varones legítimos y por línea recta legítima, [… ]. Y siendo acabadas íntegramente todas las líneas masculinas de¡ Príncipe, Infantes y demás hijos y descendientes míos legítimos varones de varones, […] suceda en dichos Reinos la hija o hijas del último reinante varón agnado mío en quien feneciese la varonía y por cuya muerte sucediera la vacante, [… ]. Y en el caso de faltar y extinguirse enteramente toda la descendencia mía legítima de varones y hembras (…), es mi voluntad que, en tal caso y no de otra manera, entre en la dicha sucesión la Casa de Saboya, […]. Y quiero y mando, que la sucesión de esta Corona proceda de aquí adelante en la forma expresada, estableciendo esta por Ley fundamental de la sucesión de estos Reinos,

LA SOBERANIA PONTIFICIA SOBRE LAS ISLAS

En efecto, no hay duda de que Irlanda y todas las demás islas, iluminadas por Cristo, sol de justicia, y que recibieron las doctrinas de la fe cristiana, pertenecen a la jurisdicción del bienaventurado Pedro y de la sacrosanta Iglesia Romana. Por ello, de tanto mejor grado plantamos allí el semillero fiel y el germen grato a Dios, cuanto más atentamente lo consideramos mediante un interior examen. Diste a entender, carísimo hijo en Cristo, que tú deseabas llegar a la isla de Irlanda para someter a aquel pueblo a las leyes y arrancar de allí las plantas de los vicios y que te comprometías a pagar como tributo al bienaventurado Pedro un denario anual por cada casa y que conservarías íntegros e intactos los derechos de las iglesias de aquel territorio (….).

Bula Luadabiliter

LA REFORMA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA

Yo no me detendré en asegurar a la Sociedad ( de Amigos del País de Asturias) que estas luces y conocimientos sólo pueden derivarse del estudio de las ciencias matemáticas, de la buena física, de la química y de la mineralogía, facultades que han enseñado a los hombres muchas verdades útiles, que han desterrado del mundo muchas preocupaciones perniciosas,  y a quienes la agricultura, las artes y el comercio de Europa deben los rápidos progresos que han hecho en este siglo…….

Y, en efecto, ¿cómo será posible sin el estudio de las matemáticas, adelantar el arte del dibujo, que es la única fuente donde las artes pueden tomar la perfección y el buen gusto?…..

Jovellanos: Discurso sobre la necesidad de cultivar en el Principado el estudio de las ciencias naturales (1782)

LA LIBERTAD MERCANTIL (FISIOCRACIA)1772

No son simplemente las buenas o malas cosechas las que regulan el precio del trigo; es principalmente  la libertad o la coacción en el comercio de esta materia, quien decide su valor. Si se quiere restringir o perturbar su comercio en los tiempos de buenas cosechas, se atenta contra los productos de la agricultura, se debilita al Estado, se disminuye la ganancia de los propietarios de las tierras, se fomenta la pereza y la arrogancia del criado y del peón que deben ayudar a la agricultura; se arruina a los campesinos, se despuebla el campo. Impedir la exportación de trigo por temor de verse privados de él, es desconocer las ventajas de Francia, en un reino que puede producir mucho más trigo del que se podría vender al extranjero.

La conducta de Inglaterra a este respecto, prueba por el contrario, que no hay medio más seguro para sostener la agricultura, mantener la abundancia y obviar a los períodos de escasez, que la venta de una parte de las cosechas al extranjero. Esta nación no ha sufrido ni de encarecimiento anormal ni de abaratamiento del trigo, desde que ha favorecido y promovido su exportación.

F. Quesnay: Enciclopédie (1751 – 1772).

LA LIBERTAD ECONÓMICA 1776

Todo hombre, con tal que no viole las leyes de la justicia, debe quedar perfectamente libre para abrazar el medio que mejor le parezca para buscar su modo de vivir, y sus intereses; y que puedan salir sus producciones a competir con las de cualquier otro individuo de la naturaleza humana….. Según el sistema de la libertad negociante, al soberano sólo quedan tres obligaciones principales a que atender: ………… la primera, proteger a la sociedad de la violencia e invasión de otras sociedades independientes; la segunda, en poner en lo posible a cubierto de la injusticia y opresión de un miembro de la república a otro que los sea también de la misma….; y la tercera, la de mantener y erigir ciertas obras y establecimientos públicos, a que nunca pueden alcanzar, ni acomodarse los intereses de los particulares, o de pocos individuos, sino los de toda la sociedad en común: …….

ADAM SMITH: La riqueza de las naciones (1776)